jueves, 4 de mayo de 2017

PERDIDA



Esta historia sucede hace algún tiempo. Recién me casé, mi esposo y yo nos fuimos a rentar un pequeño cuarto en donde apenas cabíamos los dos, sin embargo éramos muy felices ya que nos teníamos el uno al otro. Pasamos 5 años rentando, después con grandes esfuerzos y gracias a su trabajo, él logró sacar un crédito para adquirir una casa en un fraccionamiento cercano a la carretera a Laredo llamado Cosmopolis Residencial en Apodaca, Nuevo León. El mudarnos significó para nosotros un gran cambio de vida y emocional, además nuestro pequeño hijo crecería en un buen ambiente y tener nuestro propio hogar nos causaba gran felicidad y seguridad.



Al mudarnos la rutina seguía siendo la misma, mi esposo se iba a trabajar, mientras yo me quedaba en la casa arreglando las cosas de la mudanza y limpiando, mi hijo en ese entonces se la pasaba jugando en su habitación, sin embargo note que se sentaba frente a la ventana de la sala y pasaba un largo rato ahí observando al exterior, en ciertas ocasiones pude darme cuenta que hablaba en susurros como si platicara con alguien invisible. Sin darle mayor importancia, deduje que era un comportamiento propio de su edad.

Conforme pasaban los días, a veces salíamos a caminar por las aceras del fraccionamiento conociendo el lugar y los vecinos que ahí habitaban, a menudo nos encontrábamos con un señor ya mayor, que me saludaba muy amablemente y a veces teníamos platicas de vecinos. Nunca le pregunté su nombre o no lo recordaba; pero mi esposo cada que le platicaba del anciano amable, el lo llamaba “Don Panchito” porque pues parecía eso, un viejo amable y bonachón con mucha plática.

Cierta noche de viernes, me alistaba para dormir y mi niño no dejaba de jugar, ya era algo tarde y me “peleaba” con él para que se viniera a acostar, era muy noche para que el no durmiera; pero como era fin de semana, me suplicó que lo dejara jugar, así que mientras yo veía televisión en mi recámara, el jugaba al pie de la cama. Esa noche en particular hacia algo de calor por lo que tenía la ventana abierta para que entrara el fresco . Estaba absorta viendo un programa, cuando escuché algo raro en el ambiente y eso me puso alerta. Se escuchó como un grito y entre el ruido de la televisión y la voz de mi hijo que me decía algo que no entendía. De nuevo escuché el grito, le bajé a la televisión y después de un largo rato, el silencio fue interrumpido por un largo lamento, desgarrador e inquietante. Era de una mujer que parecía dolerse de algo. Mi niño que jugaba calmadamente se paró y se me quedó viendo con una carita de miedo, luego de un rato de nueva cuenta se vuelve a escuchar el lamento y esta vez más cerca de la casa. En ese momento mi hijo brinca asustado a la cama y me abraza temblando. Yo de igual manera estaba pasmada abrazando al niño y quise pararme a cerrar la ventana; pero mi miedo era tal, que no podía moverme. El lamento esta vez se escuchó en la entrada de mi casa, ahí fue cuando abracé fuertemente a mi hijo y comenzamos a sollozar esperando lo peor. Cerré mis ojos fuertemente y le pedí al niño que lo hiciera de la misma forma. Así estuvimos unos minutos y luego de un momento el ruido de la puerta abriéndose me alertó y pensé lo peor. Escuche una voz familiar: era mi esposo que acababa de llegar. El reloj marcaba la 1:30 am.

Al ver que atravesaba el umbral de la puerta, mi respiración volvió y el color me volvió al rostro al verlo. Me levanté de la cama y corrí a abrazarlo junto con el niño, el extrañado se me quedó viendo y me pregunto por qué no nos habíamos dormido, acosté el niño en la cama y lo comencé a dormir, cuando vi que lo estaba, le conté lo sucedido y él en vez de creerme se dio un palmazo en la cara y me dijo que él no creía en esas supersticiones, que seguramente escuché a algún vecino dolerse y pedir ayuda. Algo molesta me acosté y ya no volvimos a tocar el tema; pero ese fin de semana estuve intranquila.

Llego el lunes y la rutina semanal comenzó de nuevo, el se fue a trabajar y por la tarde empieza a lloviznar. Al caer la noche mi hijo se duerme temprano y yo me quedo esperando a que mi marido llegue. Sería la 1:25 am y escucho que meten la llaves en la puerta de la entrada y la abren violentamente, era mi esposo que entraba muy alterado y pálido, dejando todo en la mesa y me dice con un rostro perturbado que cerrara la puerta y lo hiciera rápido. Al preguntarle que había pasado, me dijo que nada, que no hiciera ruido y que fuéramos a donde estaba el niño durmiendo, el corre a su habitación, toma al niño y se va a nuestra recamara. Yo me acosté extrañada; pero temía preguntarle más por qué no quería saber la respuesta. Al llegar la mañana me levanté algo cansada, noté que en toda la noche no había dormido y se asomaba de tanto en tanto por la ventana. El ruido que hacía en la cocina al querer prepararse un café me levantó y mi curiosidad me llevó a cuestionarlo sobre lo que había pasado la noche anterior.

Sentándose algo calmado, dio un sorbo al café y me miró. Me dijo que después de que el transporte de personal lo dejara a cierta distancia del fraccionamiento por la carretera. Se vino caminando en el silencio de la noche como siempre, la llovizna que se dejó sentir desde la tarde aun continuaba.

El camino era un llano enmontado, donde no había casas ni alumbrado. Por lo que era bastante inquietante, el siempre se venía caminando por la orilla de la carretera para llegar un poco mas rápido. A esas horas de la madrugada no veía ningún vehículo o persona caminar por esos rumbos. Sin embargo luego de venir sumido en sus pensamientos y caminando rápido para no mojarse, escuchó detrás un lamento largo que le erizó la piel y lo alertó. Apretando el paso no quiso enterarse de donde provenía el grito y luego de doblar en una curva, sintió que los pelos de la nuca se le erizaron y se detuvo en seco al ver que a unos metros de él había una mujer. Estaba vestida de blanco o al menos eso parecía, su vestimenta era algo vaporosa que se movía entre la ventisca y la llovizna, la cual no dejaba distinguir las facciones de aquella extraña aparición. Su andar era lento y a medida que mi esposo caminaba detrás de ella su andar se hizo más lento; en cuanto estuvo a unos pasos de ella, una inquietud y algo de temor hizo que cruzara al otro lado de la carretera. Pasó de largo con prisa la vió por el rabillo del ojo del otro lado sintiendo que lo volteó a ver, al hacer esto aquello intentó cruzar la carretera para ir detrás de mi esposo; pero el notó que se quedó parada en medio de la carretera observándolo fijamente. El al notar todo eso y desconfiando en todo momento de esa aparición. En cuanto vio que se quedó parada, comenzó a correr con todas sus fuerzas preso del miedo, intentando alejarse de esa aparición. Cuando llegó a la entrada del fraccionamiento, aminoró su carrera y con el corazón saliéndosele del pecho, intentó recuperar el aliento.

Veía la luces del fraccionamiento y el ruido de la llovizna comenzó a arreciar, pensando en que había sido todo eso, empezó a caminar y volteo a sus espaldas. Una corriente eléctrica le recorrió la espalda y sus pies le pesaron cuando vio que a unos metros de el y en medio de la calle estaba la extraña mujer vestida de blanco viéndolo fijamente con un rostro pálido y carente de facciones, la lluvia parecía darle un aspecto aun más inquietante. Apenas iba a empezar a retroceder lentamente cuando vio que la aparición empezó a caminar rápidamente hacia él; dice que no parecía andar con sus piernas, en cambio lo describió como “flotar” entre la lluvia, haciendo aun mas aterradoras las sensaciones que invadieron a mi marido y que lo hicieron correr al escuchar el lamento desgarrador de la mujer. Eso fue todo para él, corrió lo más fuerte que pudo para alejarse de ahí y mientas lo hacía, sentía que aquello lo seguía de cerca y los lamentos los escuchaba más cerca, deseaba correr tan fuerte para que la aparición no viera donde se metía. Cuando llegó a la casa su miedo lo bloqueó por completo de su mente y se refugió en nosotros, para superarlo. Al ver el rostro inexpresivo de mi esposo y la mano aferrada a la taza de café que no se había tomado, me puso tensa y nerviosa, nunca lo había visto temeroso, mucho menos inseguro; pero lo que le pasó fue demasiado para él y su entendimiento escéptico, ya que aun le quería dar una explicación al asunto, sin hallar respuestas.

Llego el fin de semana y como todos los sábados salíamos a pasear. A mi hijo le gustaba andar en su triciclo por todo el fraccionamiento. Íbamos platicando mi esposo y yo cuando vimos que “Don Panchito” se acercaba a mi hijo y nos saludaba con su muy peculiar modo. Luego de un rato de pláticas vecinales.

Entre la conversación hizo un comentario que nos alertó y en especial a mi esposo que le cambiaron los colores del rostro. El preguntó si no habíamos visto o escuchado algo extraño durante la noche, como un “espanto” o el llanto de la llorona. Nos vimos mi esposo y yo, ambos respondimos al mismo tiempo que “Si”. El se animó a platicarle el suceso de la mujer de blanco. Don Panchito atento veía con serenidad a mi marido y escuchaba sin parpadear. Al terminar el relato el anciano se relajó y comenzó a contarnos que hacía algún tiempo, años antes de que construyeran las casas del octavo sector, en aquellos terrenos había existido un rancho el cual había sido demolido para dar paso a la construcción del fraccionamiento y que en ese lugar hubo un baile en donde asistieron unas jovencitas. Ya entrada la noche una de las jóvenes se salió del baile, porque no había pedido permiso y se regreso sola a su casa, ya que ninguna de sus amigas la quiso acompañar. La joven se perdió en la obscuridad de la noche y entre la soledad de los caminos. Nunca llegó a su casa.
Los padres angustiados comenzaron a buscarla y preguntaron a las amigas con las que había asistido al baile; pero estas dijeron que la vieron salir sola del baile y se regresó por aquellos caminos obscuros y solos.

Luego de varios días y varias pesquisas. Hallaron su cuerpo putrefacto oculto entre los matorrales, en un camino muy cerca del rancho donde había sido la fiesta. Había sido violada y estrangulada hasta la muerte. Las autoridades determinaron que el o los responsables habían sido traileros ya que por esos caminos pasaban muchos todo el tiempo y quizás al verla sola, la levantaron y en un intento por abusar de ella la torturaron y mataron, botándola en el camino y ocultándola para que no la encontraran. De esta noticia se supo muy poco y como nunca dieron con los responsables, se fue olvidando con el tiempo el trágico destino de la joven. Se decía que luego de un tiempo comenzó su ánima a rondar aquellos caminos y calles de los fraccionamientos, intentando llegar a su casa sin éxito y que sus lamentos lastimeros alertaban a los habitantes como intentando gritar su pena y que no se olvidaran de su fatal destino.

Tanto mi esposo y yo estábamos atentos a la historia de Don Panchito, sin poder creer del todo lo que decía; pero habíamos escuchado los lamentos y mi esposo la vio aquella noche lluviosa. En la actualidad los fraccionamientos han crecido, de aquellos caminos enmontados queda poco; pero a pesar de eso varios vecinos han reportado haber escuchado esos lamentos horribles que inquietan, muchos se han ido de la colonia por el temor y otros han visto a la aparición y coinciden en que se trata de una mujer ataviada con un vestido blanco vaporoso, de rostro pálido; cuyo lamento eriza la piel y hace ladrar a los perros. Y que al verla “caminar” por las calles se dan cuenta que en realidad “flota” ya que no tiene pies.

Si vas a copiar y pegar el relato menciona los créditos correspondientes de autor – relator y menciona la fuente donde lo tomaste, eso me ayuda a seguir publicando. Gracias.
Derechos de contenido reservados 2017 © Eduardo Liñán

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martes, 2 de mayo de 2017

EL ARBOL DE LA NIÑA



Respecto a la leyenda de la chica de la curva, hay una versión conocida en una comarca de Tarragona que vuela sobre las mentes de los adolescentes. En el tramo que comprende Les peces-Albinyana, hay un árbol conocido como "el arbol de la niña"
Hay varias versiones y se asemejan a las citadas en su relato.

Una es que iban dos chicos en una moto y al pasar por la curva donde se encuentra el árbol creyeron ver una chica ahorcada en él, tuvieron un accidente por el impacto y quedaron malheridos falleciendo poco después (llegan a decir que lo que colgaba no era nada más que una bolsa de basura...) (también se dice que era una chica a la que habían violado, cosa que la gente se cree menos).
Otra versión es que esa chica aparece de vez en cuando porque dicen que murió ahí.
Tengo que añadir que es un tramo que muchos adolescentes realizan andando en verano bien entrada la noche.
Nunca más ha pasado nada y creo que nadie tiene pruebas sobre lo que ocurrió diciendo que sólo es una leyenda para asustar a los chicos, pero la gente sigue teniendo mucho respeto a esa curva y a ese árbol y son muy pocos los que se atreven a ir solos andando por la noche por esa carretera (los que lo hacen procuran no mirar).
A mi alcance no están los medios necesarios pero me gustaría saber si realmente fue cierta esa historia...+
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martes, 25 de abril de 2017

LA BRUJA




Contaré mi historia. Aunque con reservas, nunca me había atrevido porque mi esposo siempre dice que solamente a los ingenuos les pasas cosas como las que voy a relatar. Soy nacida en Guatemala, de padre mexicano y madre cubana. En aquel entonces mi papá consiguió un trabajo en México en una región de Oaxaca. Ella decidió entonces seguir a mi padre y a mí me dejó muy niña al cuidado de mi abuela materna a la que siempre llamé “Mamá” pues ella en realidad siempre vio por mi desde que nací, así que no resentí la ausencia de mis padres. Además de eso tenía a mis tías que las veía como mis hermanas mayores y con ellos estaba la “Tía Lala” era una mujer mayor que cuidó de mi mamá y mis tías desde muy pequeñas y era parte de la familia, había sido “nana” de varias generaciones en la familia.

La tía Lala era una mujer de amplios conocimientos en temas de brujería y cosas sobrenaturales. Durante mi niñez me enseñó muchas cosas para defenderme de las brujas y poder “tumbarlas”, en esos lugares remotos donde vivíamos eran leyendas vivas que la gente contaba de generación en generación y casi siempre resultaban ser ciertas. Para mí era común subirme a la azotea cada viernes con ella a ver bolas de “lumbre” bajar de un cerro cercano y “volar” en círculos cerca de las casas, a lo lejos y con la misma regresar a las cumbres para perderse en la obscuridad, para mí era un espectáculo fascinante; pero para otras personas eso significaba el terror.

Conforme crecí y me di cuenta de los alcances de la Tía Lala, supe los verdaderos motivos por los que mi mamá decidió dejarme con mi abuela muy a su pesar. Cuando recién se fueron a Oaxaca mis padres, me llevaron con ellos, yo tenía meses de haber nacido, al estar en esas regiones mi mama sufrió un episodio de horror al ver que intentaron robarme; pero no fue una persona común, era un ser horrible que a la postre la calificarían como “Bruja” . Después de esa experiencia de sentir el miedo a perderme en manos de algo incomprensible; pero a la vez muy real en ese lugar. Muy a su pesar me trajo con mi abuela y me dejó al cuidado de la tía Lala, sabía que la señora era la única que podía cuidarme y protegerme de esas horribles presencias.

La tía me contó que siendo muy joven perdió a sus dos únicos hijos a manos de una bruja, los niños se fueron enfermando gradualmente y nunca encontraron el motivo, un día halló muerto a uno aparentemente desangrado y el otro murió por una fuerte anemia, después de eso Lala se dio a la tarea de averiguar el motivo de la repentina muerte de sus hijos, algo no encajaba del todo y encontró que una vecina bruja se transformaba en Chompipe (guajolote) y de alguna manera les drenó la vida a ambos hijos. Juró vengarse y destruir a la bruja que dio muerte a sus pequeños y dice que lo logró, desde ese momento amplió sus conocimientos para ayudar a otras familias en caso de que estuvieran siendo acosadas por estos seres infernales.
Con el tiempo ella me contó una manera de poder tumbar y matar a una bruja. Al descubrir al animal que merodeaba en la casas había que prender carbón y echarlo en un anafre con chiles secos, había una variedad en particular llamada “Habanero Maya” que son tremendamente picantes, al ponerlos en las brazas estos despedían unos vapores y humos insoportables que hacían toser a todos y el animal caía al filo de la puerta retorciéndose por el picor de los chiles al respirar el humo que estos emanaban. Para cuando pasaba esto había que masacrarlas con varas de carrizo verde hasta que huyeran, se trasformaran en mujeres de nuevo o murieran por los golpes. Cuando el animal no se transformaba para revelar la identidad de la bruja, había que untarles excremento de vaca o toro y envolverla con tela, dejándola huir. Al poco tiempo regresaba ya convertida en mujer, con golpes y moretones, con hambre y con sed pidiendo perdón por el mal causado. Había cosas más osadas para destruirlas; pero había que seguirlas a sus dominios y eso era peligroso para una persona que no sabía lidiar con aquellas fuerzas sobrenaturales que eran invariablemente protegidas por el maligno. De ahí emanaba su poder. Esa fue enteramente mi infancia, al estar rodeada de mitos y prácticas de hechicería para vencer a aquello que atormentaba a los niños de la región. Yo en particular me sentía protegida por ellas, aunque intuía que me protegían de algo que nunca me quisieron revelar.

Pasaron los años y al cumplir los 19, me fui a Oaxaca a estudiar, empecé rentando un cuarto, mis padres en aquel entonces vivían en un rancho metido en la sierra y lejos de la ciudad, cada que podía iba a verlos y el camino era bastante largo y cansado. La mayor parte del tiempo cuando no estudiaba me la pasaba en mi casita, la cual era un poco amplia y vivía con dos fieles perras de raza doberman y gran danés, que me cuidaban todo el tiempo, siempre alertas. Cierta noche seria ya de madrugada cuando tuve la necesidad de ir al baño. El cuarto que rentaba tenia los baños en el patio trasero por lo que había que salir. Me acompañé de mis perras y mientras hacía mis necesidades comenzaron a gruñir por lo bajo y a ponerse algo tensas. Estaban viendo fijamente a una palmera que estaba en la cerca y había crecido junto con una bugambilia cuyo follaje cubría la mayor parte del lugar.

Las perras estaban en posición de alerta gruñendo y yo me quede estática intentando ver a que le ladraban, pasé unos minutos con la mirada clavada a las ramas de los árboles y de pronto me asustó el movimiento repentino de estas, había algo oculto ahí y era grande porque se movieron violentamente. El ruido de un batir de alas enorme me hizo pensar que se trataba de un búho o un zopilote, por esos lugares eran comunes; pero al revisar bien noté que en efecto era un animal alado; pero no alcancé a distinguir cual. El movimiento y el ruido hicieron que mis mascotas comenzaran a ladrar frenéticamente y corrieron hacia el árbol intentando subir sus ramas y ladrando con desesperación. No quise saber más les grité a mis perras; pero el temor me invadió y corrí asustada por un pasillo hasta mi cuarto. Cerré la puerta y me quedé recargada en ella en tanto escuchaba ladrar a mis animales y me entró la angustia cuando las dejé de escuchar. El silencio se hizo presente y luego de un rato unos rasguños en la puerta me alertaron. Eran mi perras intentando entrar, estaba petrificada en el piso. El llanto de mis animales era de temor y no podía siquiera levantar mi mano para abrirles. Luego se callaron y se fueron corriendo por el pasillo supongo que a buscar refugio. Pasaron los minutos y el ruido de algo golpear la lámina del techo de los cuartos me puso los pelos de punta.

Pude notar que algo pesado cimbró la lámina y de pronto aquello comenzó a moverse por el techo sumiéndolo en tanto avanzaba hacia a mí, empecé a temblar sin control y a llorar entre sollozos sin comprender que estaba pasando, en ese momento recordé a mi tía Lala y desee que estuviera ahí conmigo. Cuando pensaba que algo me iba a pasar las perras comenzaron a aullar haciendo un ruido estremecededor, lo que sea que estuvieran haciendo, hizo que aquello que estaba postrado sobre la lámina simplemente se alejara como si de un ave se tratara, dio un brinco desdoblando el techo, en medio de un ruido de viento que intuía era de algo grande. Mientras aquello parecía alejarse los demás perros de la colonia comenzaron a ladrar y aullar con desesperación. Mi corazón temblaba y me quedé un rato, sentada en el piso llorando.

Después de que me invadió el silencio, y me calmé pensando en que todo había terminado abrí la puerta con precaución y vi que mis perras estaban ahí echadas y me miraron con asombro. Se metieron rápidamente al cuarto y se metieron en mi cama. Me acosté junto a ellas y traté de dormir después de sentir el temor, con mi mente más clara, supe de inmediato que era una bruja la que andaba merodeando en los alrededores. Al llegar la mañana tenía que alistarme para ir a la universidad a inscribirme y arreglar unos documentos. Dejé a mis perras con alimento y agua. mientras cerraba la puerta de mi cuarto a lo lejos pude ver a otros inquilinos que al parecer regresaban del súper, venían con bolsas y llevaban a su pequeño hijo, un bebé de escasos meses que de pronto me despertaba por la madrugada al escuchar sus llantos. En ese momento sentí un escalofrío al asociar la aparición de la “bruja” con el bebé. De inmediato dejé mis cosas en el pasillo y antes de que la vecina entrara le pedí hablar con ella unas palabras.

Se me quedó viendo con extrañeza y le comenté si había escuchado cosas raras la noche anterior u otras noches. Le pregunté si escuchó “algo” caminar o rodar por el techo durante la madrugada, ella comentó que tanto ella como su esposo durmieron profundamente sin darse cuenta de lo que pasaba, eso le preocupaba por que el bebé comía a ciertas horas, al cuestionarme el porqué de mis preguntas. Me puse seria y la vi a los ojos diciéndole que sospechaba que una “bruja” merodeaba en la propiedad y que temía que le hiciera algo al bebé. Después de decirle esto, se rio de mi y se metió negando con la cabeza, cerrándome la puerta en las narices.

Me regresé abrumada a mi cuarto pensando en lo que acababa de decir y pensé que era una psicosis mía, crecí entre esas leyendas y costumbres, quizá había sido un zopilote. En eso mi perra gran danés se acercó a mí y comencé a acariciarla, me di cuenta de inmediato que tenía una protuberancia algo considerable atrás de su cabeza, era como una bola extraña algo endurecida, además de eso tenía un ojo entrecerrado como si un animal le hubiera picado. Eso me preocupó, pensé que había sido una araña, ahí había muchas. Al decirle a mi perra que tenía sus ojitos hinchados, escuché una voz detrás de mí que decía: “Tu también tienes el ojo chiquito…”

Al voltear a ver quien había dicho eso, era la vecina que llevaba un cesto de ropa para tender. Me vio y me dijo: –Por favor no vuelva a comentar nada de eso, sobre “brujas” y eso. Mi esposo se molestó. Al decir esto se dio la media vuelta y me dejo ahí pensando, al revisarme al espejo en efecto, tenía mis ojos como hinchados, al hacerme el cabello por detrás de las orejas para verme bien, sentí un bulto. Era como un ganglio inflamado. Entonces relacioné de nuevo todo, lo que me había dicho Lala hacía mucho tiempo como advertencia. Que eran “malos aires” señales de calamidades al haber presencia de brujas. No quise pensar mas y me fui a la universidad. Al regresar la vecina estaba esperándome en la entrada de mi cuarto con el rostro de preocupación, al preguntarle qué pasaba, la invité a pasar y platicamos.

Me comentó que estaba temerosa por la conversación que tuvimos en la mañana, que no le quería decir a su esposo; pero había platicado con un vecino acerca de la noche anterior y que ya dos personas que mencionaban el término “bruja” era demasiado. Me contó que el vecino se acercó mientras ella tendía la ropa y le dijo que tuviera cuidado, al preguntarle el motivo este respondió que la madrugada anterior había dormido en el pasillo exterior de su casa, que colindaba con los cuartos, al sentir mucho calor durmió en una hamaca y que por la madrugada fue despertado por el ladrido de mis perros, que al levantarse para revisar que sucedía le sorprendió ver una especie de alumbrada que parecía “caminar” por el techo de lámina, al acercarse para ver mejor que era aquello, se espantó de ver que era una bola de fuego que rodaba por el techo. Pensó de inmediato que eso quemaría la casa y corrió para alertarnos; pero apenas dio un paso para correr y la bola de fuego del tamaño de una pelota simplemente alzó el vuelo haciendo un ruido parecido a una ventisca y desapareció entre la obscuridad de la noche. El hombre simplemente se metió a su casa espantado de ver aquello y no quiso salir más hasta la mañana. Lo primero que hizo fue comentarle a la vecina que quizás una bruja andaba rondando los cuartos como tenia bebé, algo le quería hacer. Eso aterró a la vecina y más cuando sin querer se enteraba lo que decía la gente de los alrededores: Que una bruja andaba volando entre las casas. Poco tiempo después la vecina bautizó a su pequeña hija y se fueron sin decir nada de la cuartería. Nunca supe su destino. Mi vida continuó y no niego que supe y enfrenté situaciones extrañas involucradas con estas mujeres amantes del diablo. Actualmente vivo en Mérida, Yucatán y hasta la fecha estas aberraciones siguen siendo parte de mi día a día; pero ese será motivo de otro relato


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sábado, 15 de abril de 2017

EL VESTIDO DE NOVIA



Los años 40´s, en cualquier parte del mundo, las mujeres aun no tenían la voz y el voto que el día de hoy tienen todas las damas, lo que hacia que fueran sujetas a muchas penurias, primero de parte de los padres, que casi las vendían con dote o buscaban fervientemente como acomodar a las hijas que se rezagaban en el matrimonio.



Tal fue el caso de Beatriz Zepeda, una mujer simple, que no tenia otra aspiración que la de casarse de blanco y el novio que ella tenia, que no era mas que un pobre diablo, si oficio ni beneficio, nada mas no se le veían aspiraciones en la vida, con lo que los padres tuvieron que entrar en escena, consiguiendo partido, con un dote, para que la hija menos agraciada, por fin se casara.

Beatriz comprendía, que ella no se mandaba sola, así que acepto todo lo que sus padres le impusieron, con lo que al paso del tiempo, llegaron con un caballero distinguido y el cual se notaba que estaba interesado por ella.

Se comprometieron, pero lo padres tuvieron la mala fortuna de creer en el individuo, con lo que le dieron el dote, y a su hija le compraron el mejor vestido de novia, que el dinero podía comprar en esas fechas.

Todo estaba listo, y la fecha de la boda llego, los invitados llegaron, los familiares tambien, el único ausente fue el novio, que había escapado desde el mismo día, en el que le liberaron la dote.

Beatriz, llorando se encerró en su cuarto, con su mismo vestido de novia, se colgó de una de las vigas de su recamara, y dio fin al tormento de vida que tenia, aun cuentan que en esa casa por las noches, se ve el vestido de novia, saliendo por la que fuera la ventana de Beatriz y un lamento que cualquiera que lo escuchara, salia corriendo del lugar.


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miércoles, 12 de abril de 2017

LA NIÑA DEL PANTEON





Cuenta la gente que la leyenda de la niña del panteón es real y son muchos los que han experimentado el verla, cada que van a visitar a sus difuntos, todo esto es una de las tantas historias que se escuchan en la capital de Jalisco, Guadalajara.

Se dice que todo empezó en los años 30´s, cuando una familia acaudalada, fue al entierro de un familiar, y llevando a la niña de no mas de 7 años de edad, y contra los consejos de muchos amigos y familiares, la llevaron, para que supieran que la muerte era parte de la vida.

Así entre llantos y lamentos por la perdida de la persona, se fueron retirando las personas, hasta que la familia llego a su hogar, en ningún momento se dieron cuenta, que algo les faltaba, y no era otra cosa que la pequeña Irene, que se había quedado en el panteón.

Como llegaron se fueron al panteón a buscarla, pero nunca dieron con ella, tenían la esperanza de que se hubiera ido con algún pariente o que algún buen samaritano, la hubiera encontrado y llevado a las autoridades, lo que nunca paso.

Así pasaron los días, las semanas y los meses, hasta que dieron por perdida a la pequeña, lo que nunca supieron, hasta después de unos años, es que la niña, se había tropezado, cuando estaban bajando el ataúd del difunto que habían ido a enterrar, muriendo en el acto, por un golpe en la cabeza.

Solo se dieron cuenta, cuando fueron a enterrar al cónyuge de la persona, y al juntar los restos salieron los de la niña, que había muerto por la caída.

Desde ese día, en esa tumba, se aparece una niña, que con todos quiere jugar, si le dejas juguetes, estos a los días desaparecen, y saben las personas que se trata del espíritu de Irene que aun no encuentra descanso su alma.


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martes, 11 de abril de 2017

ZOMBIES




Buenas noches moradores del atico.hoy os traigo información interesante sobre los zombies (no los de walkin dead,sino zombies reales.
ya sabéis poneos cómodos y disfrutadla.



lunes, 3 de abril de 2017

EL ACTO DEL PAYASO



Ese día llegué un poco tarde a una cita con mi prima, que me llamó desde un día antes para que le ayudara con los preparativos de la fiesta de su hijo, me retrasé tan solo quince minutos, por más que toqué nadie me abrió, pensé que estaría un poco enojada, porque se podía ver por el vitral de la puerta que alguien estaba sentado en el sillón de la sala, incluso vi que se levantó y caminó un par de veces, hasta que no regresó mas, un poco molesto también yo, le golpeé la puerta con más fuerza, cuando sentí una mano que me empujaba el hombro por detrás –¿Qué haces?, me vas a tumbar la puerta- dijo mi prima –Pues es que nadie me abre- le contesté, -si no hay nadie, tonto ¿quién esperas que te abra?—pues yo vi a alguien en el sillón-,-ni empieces con tus bromas que ahora no tengo tiempo, mete las cosas yo voy a recoger el pastel-.

Entré para dejar todo lo que me dio e ir avanzando, después de recibir sus instrucciones, de que mover y a donde comencé a jalar cosas, de pronto escuché un ruidito como de cascabeles de gato, cuando me quedaba quieto, no oía nada, pero en cuanto movía algo, ahí estaba… cuando ya no soporte mas empecé a buscar si había un gato o un perro en algún lugar, vi como una cortina se movía como si fuera gelatina, apenas puse mi mano en ella para abrirla, un payaso salió detrás de ella dando un salto, y haciendo ademanes con las manos. –Ah pero que…!!!-, pensando que era el entretenimiento para la fiesta, me senté a observar su acto, me dio una jirafa que hizo con globos, apareció un conejo entre sus pantalones, era divertido.

Estuve observándolo por más de media hora, hasta que se escuchó el auto de mi prima, el agarró el foco encendido de una lámpara, no se apagaba aunque lo tuviera en la mano, eso me extrañó un poco, después lo puso en su boca, y al tragarlo podía verse el esqueleto a través de su ropa, en el justo momento en que la puerta hizo ruido, él dijo adiós con la mano, y se tiró un clavado a la pared.

Me puse blanco al ver que simplemente se desvanecía, eso no era parte de ningún acto, ni tampoco era un payaso de verdad, por más bueno que fuera, no podría atravesar paredes.

Tenía miedo de contárselo a mi prima, porque me diría que estaba loco, pero por el contrario, me confesó que hace tiempo lo veía, pero no se lo había dicho a nadie porque no se lo creerían.

Sea como sea, es hora que en esa casa no me paro, no le temía a los payasos, pero desde ese día, tengo un poco mas de precaución.


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miércoles, 29 de marzo de 2017

SILVIA






Comencé a vivir en el complejo cuando tenía 24 años. "Complejo" es una palabra que no se le ajusta tan bien, porque en realidad se trata de un bloque de departamentos, para la rehabilitación de pacientes mentalmente inestables. Tenemos de todo, desde esquizofrénicos hasta diagnósticos muy severos de depresión y todo lo que pueda definirse en medio.1

Si voy a contar esta historia, debo regresar un poco más atrás. Entrené en Australia para convertirme en un enfermero. Me inscribí a un programa doble de humanidades y cuidado terapéutico; para el componente de humanidades, me licencié en psicología; que es también en donde descubrí mi interés por el cuidado psiquiátrico. Hice mis internados en hospitales psiquiátricos y albergues; en mi último año, se me asignó un gran manicomio. Fue aquí donde conocí a Brian. Era un caso interesante. Sufría una esquizofrenia paranoide, aunque había adquirido los síntomas de modo prematuro; siendo detectado a la edad de 16 años. Era resistente a muchos tipos de narcóticos, encontraba de poco a nada de alivio en la terapia ocupacional y de grupo y había resistido un ciclo completo de terapia electroconvulsiva, sin mejoras.

Su familia debió depender más y más de internamiento para cuidar de él, hasta que finalmente, cuando cumplió 22 años, fue admitido permanentemente en el manicomio en el que yo iba a trabajar; el hospital psiquiátrico St John of God, en Burwood, Sydney. Me atrajo desde el momento en el que lo conocí. Aunque padecía de síntomas comunes entre esquizofrénicos, si bien, en un nivel bastante avanzado (alucinaciones auditivas, táctiles y visuales de grado mayor y un cuadro paranoico completo), me cayó bien. Me pareció un tipo normal, de más o menos mi edad, de cabello revuelto y mal cuidado.

Tenía buena complexión, ejercitaba dentro de su propia celda, que le habían permitido adaptar (una barra atravesada por encima de la puerta, para hacer brazo), debido al largo tiempo que ya tenía internado. Hablaba con mucha soltura conmigo e incluso, durante mis descansos, iba a la zona de fumar con él, para compartir un cigarrillo. Mi internado duró un mes entero, pero mi trabajo les impresionó tanto que me ofrecieron un contrato al término de mis estudios. Acepté.

Cuando me fui, Brian y yo mantuvimos contacto por eMail, nos hicimos amigos. Pasaron unos cinco meses antes de que me titulara y luego un par más, para las vacaciones de fin de año. Luego fui directo al St John of God, a tomar mi plaza. Compartíamos un montón de gustos, rasgos de personalidad y opiniones. Le solía llevar discos, libros y sets completos de DVD, para fomentar la conversación conmigo.

Durante la integración de un nuevo programa gubernamental, se compró un juego de departamentos y en asociación con otras autoridades de la salud y otros hospitales, se decidió que serían utilizados como un espacio de rehabilitación y estancia permanente de pacientes con síndromes mentales que requirieran terapia de largo plazo, o se encontraran lo suficientemente bien para readapatarse a sociedad. Me ofrecieron un lugar ahí, como cuidador. Implicaba vivir ahí y hacerme cargo de la medicación y el manejo de una larga lista de pacientes. Era un gran paso para mi edad y les dije que lo pensaría. Luego, durante un descanso y fumando, lo discutí con Brian. Me dijo que sabía del proyecto, porque era de los candidatos que ocuparían un departamento, me rogó que tomara el trabajo y entonces dijo con un tono más bajo "podrías protegerme".

La cosa interesante con los pacientes esquizofrénicos es que su condición es una realidad para ellos. Creen en todo lo que experimentan y en lo que las voces dicen. Brian contaba con lo que solemos llamar insight, que puede explicarse como el entendimiento de su enfermedad, así como de los síntomas y el hecho final de que nada de esto es real; sino solo una parte de su condición. Era, sobre todo por esto último, que escucharlo expresar que necesitaba protección de mi parte, me llamaba la atención.

-¿de qué, Brian?

-de Silvia.

Es muy frecuente que quien padece de esquizofrenia establezca rapports con sus alucionaciones; que tengan alguna en particular, muy recurrente durante todo su curso, que compacte características y rasgos por completo únicos, una personalidad única, si se quiere; en reportes iniciales, Brian llegó a hablar de ser visitado por una "mujer gato". Luego de que se le explicara que esto era parte de su condición, había dejado de mencionarlo.

-Brian, sabes que no es real, ¿lo sabes, verdad?

-ella no, ella es real.

Me preocupó, pero mantuve la calma y le pedí que me describiera lo que creía estar viendo.

-no hay manera de describirla, a menos que la veas y la escuches tú mismo.

Luego de pensarlo por un tiempo, tomé mi decisión. El incremento en la paga era muy notable y era exactamente el tipo de trabajo que me imaginaba desempeñando, sentía que podía hacer carrera en este puesto y me mudé a Camden. Camden es una comunidad relativamente rural, aunque queda cerca de la ciudad de Sydney y está llena de desarrollos urbanos por todas partes. Este, el bloque en el que viviría, se localiza bastante lejos del distrito central de Camden, en una zona no muy poblada.

No me preocupó mucho, pensé que el espacio y el silencio, de hecho, me vendrían bien. Durante el siguiente par de años, la gente vino y se fue, la vida fluyó en automático y aunque me hubiera hecho de una respetable nómina de amigos fuera de mis labores, mi relación con Brian, floreció. Vivíamos a un par de puertas de distancia y varias veces a la semana, me visitaba o lo visitaba, para tomar un par de cervezas, ver películas y pasar el rato (probablemente no debí dejarlo beber, pero vamos a suspender esa consideración ética por un rato).

Como fuera, su condición empeoraba. Reportaba constantemente ver a la "mujer gato": lo visitaba por la noche y a veces, incluso durante el día. Lo reporté a los médicos que llevaban su caso, pero estos dijeron que no había necesidad de readmitirlo hasta que su cuadro se definiera por completo. Brian no era tonto. Creo que me hablaba a mí con honestidad y le decía otra cosa a los médicos. Sabía que, de otra forma, lo encerrarían de vuelta y lo llenarían de narcóticos, para repetirle, una y otra vez, cosas que había escuchado por años.

Hice lo que pude para apoyarlo y cuidar de él. Se notaba más tranquilo cuando estaba conmigo, hablaba de sus experiencias con libertad y me repetía que no se sentía seguro a solas. A menudo me encontré escuchando lo que me contaba, suspendiendo mi escepticismo y creyéndole quizá, demasiado, sólo para detenerme y recordar que hablaba con un paciente.

Nunca contó las cosas con demasiado detalle, excepto en algunas ocasiones e incluso en ellas, de manera supérflua. Me dijo que tenía calculado exactamente el momento en que era visitado: los ruidos comenzaban, siempre, a las tres con veinte de la mañana.

-¿Qué ruidos, Brian?

-Los maullidos. Suena como si hubiera un gato atrapado en mi departamento, pero no tengo un gato y no hay ningún gato por aquí. A veces voy y reviso, pero en cuanto enciendo una luz, deja de sonar, se detiene.

Los maullidos comenzaban lejos, se aproximaban por el pasillo y llegaban hasta el otro lado de su puerta. Entonces la veía.

-¿Cómo se ve?

Brian se estremecía visiblemente, murmuraba "sucia" y se negaba a continuar, a elaborar mucho más, reptiéndome lo que siempre me decía:

-no hay manera de explicarlo, a menos que tú mismo la veas.

El tiempo pasó y Brian empeoró. Me pidió que le permitiera tener una cámara, para que pudiera grabar sus alucinaciones y así poder probarme que esto era real, que esto era otra cosa. Sabía que no podía permitirlo. Brian tenía dinero de sus padres, pero no hubiera podido hacer eso sin reafirmar sus alucionaciones y empeorar su condición. Se volvió reclusivo, volviendo a la comunicación por eMail, como solíamos hacerlo al comienzo. Se distanció hasta el punto en que sólo lo veía para asegurarme de que estuviera tomando sus medicamentos, comiendo y limpiándose apropiadamente. Seguimos hablando por correo, de todas formas.

Regresé tarde de una noche de parranda con mis amigos del pueblo. No hay mucho qué ver en Camden, pero hay algunos pubs que al final están bien, que son relativamente limpios y tranquilos. Los departamentos estaban oscuros y callados. Entré al mío, me quite los zapatos y encendí la computadora; lo había vuelto un hábito: había perdido a Brian socialmente y ahora sólo podía conversar con él así. Eché un vistazo a mi bandeja de entrada, revisé mis notificaciones y borré cadenas y spam, hasta llegar al mensaje de mi amigo, con el asunto y el cuerpo del mensaje en blanco. Había un archivo adjunto: "xlivid.avi -42mb".

Decidí abrir el archivo en vez de guardarlo. Una habitación a oscuras apareció en la ventana del reproductor. La luz de la luna iluminaba la ventana de Brian y una respiración pausada me hizo pensarlo dormido. La puerta estaba a la izquierda de su cama. Entendí que había decidido filmar todo con la cámara de su laptop, cuando se dio cuenta de que yo no lo ayudaría. El video duraba 10 minutos. Miré los primeros veinte segundos sin que nada pasara. Salté un minuto. Nada.

Estaba a punto de avanzar un poco más cuando escuché un sonido. Era casi indistinguible de la respiración de Brian, pero estaba ahí. Conecté unos audífonos y escuché con atención. Un canturreo venía de algún lugar, afuera del cuarto. Comenzó a crecer en magnitud. Era un maullido. Vi a Brian contraerse y jadear, despertando mientras el sonido se acercaba. Vi su cara pálida, iluminada por la luna mientras tomaba la laptop y la ajustaba para captar parte del techo y apuntarla bien hacia la puerta. El maullido, sin duda, se encontraba en el pasillo, afuera de su habitación. Esto duró unos cuatro minutos, hasta que la manija de la puerta comenzó a moverse y la puerta recorrió sus goznes. Brian respiraba agitado, acorralado en un rincón de su cama, contra el muro. Comencé a reconocer un rostro, conforme una silueta entró en la habitación. Se movió despacio, pasando el límite de la puerta, en una postura que me pareció de cuclillas. Nunca había visto algo como esto. La cabeza se quedó fija, mirando hacia la cama y la cámara desde el momento en que la notó, inclinándose un poco hacia la derecha. Era claramente, una cabeza de mujer, con cabello rubio y sucio colgándole por el frente. Los ojos estaban mal. Eran dos agujeros, sin sangre, como si este fuera un cuerpo que entierran y luego sacan luego de unos meses. Cuando la luz le iluminó la parte baja del rostro, tuve que dejar de mirar un momento el video. La mandíbula estaba claramente rota. Sus labios estaban recorridos hacia arriba y mostraban los dientes en un contorno desigual. Caminando a tumbos, sin intención, sin vida, se acercó, maullando.

Cuando el cuerpo se encontró por completo adentro de la habitación, entendí porqué su altura era tan baja. Estaba caminando sobre sus pies y sus manos. Sus rodillas se doblaban hacia atrás dolorosamente, su espalda estaba arqueada hacia arriba. Estaba vestida con un Jersey y una blusa, pero la luz de la luna hacía los colores indistinguibles. Estaba sucia, llena de polvo. Su cara nunca dejó de dirigirse a la laptop y la cámara. Se aproximó aún más, hasta que la perspectiva de la cama obstruyó su posición. Me quedé ahí sentado, inmóvil, incapaz de hacer nada. Silencio, sólo interrumpido por la respiración rápida de Brian. Las manos se sujetan a la cama y la mujer aparece. En una sucesión tan lenta que duele sólo verla, la mujer se ajusta de la espalda, con varios crujidos de hueso, que finalmente le permiten erguirse. Entonces se sienta sobre la orilla de la cama, dándole la espalda a Brian. Los maullidos suenan tranquilos. Deja de maullar. Siento, quiero, que se baje de la cama y se vaya. De pronto, su cabeza gira y su mandíbula se ajusta en lo que sólo puede describirse como una sonrisa rota, que confronta directamente a mi amigo.

Fue hasta ese momento que entendí que tenía que llegar hasta él. Al video le restaban dos minutos, más o menos, pero no me importó. Salí disparado de mi casa, corriendo hacia su puerta, que agarré a golpes, gritando su nombre. Cuando no contestó, tiré la puerta a empujones. El departamento estaba tranquilo, me dirigí de inmediato al cuarto de Brian. Estaba en la cama. La laptop cerrada junto a él. Sus ojos apuntaban hacia la ventana, planos. Lo llamé, en un susurro. No respondió. Me aproximé a él lentamente, hasta tocar su yugular con un dedo. Una sola lágrima le salió de un ojo, mientras dirigía su vista hacia mí. Estaba vivo.

Brian permaneció sin respuesta mientras intentaba despertarlo, llorando en silencio. La catatonia es otra parte de la esquizofrenia, aunque después de haber visto lo que había visto, tenía serias dudas sobre su condición y su diagnóstico. Revisé toda la casa, encendiendo las luces, teniendo el mayor cuidado del mundo mientras lo hacía. No encontré nada. Llamé a emergencias y les dije lo que había pasado. Llegaron a tomarme mi declaración y a revisar el departamento completo. Los polis asumieron una postura rígida y distante. No podía culparlos, toda la sonaba por completo descabellada. De hecho, comencé a dudar de mí mismo, incluso con el archivo en mi computadora.

Se llevaron la laptop de Brian como evidencia y me sugirieron llamar al hospital. Dijeron que era claro que Brian estaba pasando por una fuerte alucinación y que no se veía para nada bien. Mi corazón se hundió en cuanto entendí que no me creían una sola palabra. Les sugerí ver mi computadora también, pero me dijeron que eso no sería necesario, revisarían la laptop de Brian y me contactarían con sus hallazgos. Reporté en el hospital a Brian, les dije que había sufrido de una alucinación muy severa y que necesitaba ser internado. No me molesté en mencionar nada sobre la mujer. Estaba tan inseguro de lo que había visto, que me sentía un poco loco. Me preguntaron si era un peligro para sí mismo, les dije que así parecía. No quería que se quedara. Quería asegurarlo en el hospital. En retrospectiva, no estoy muy seguro de si quería asegurarlo en el hospital por su bien, o porque no lo quisiera cerca de mí. El hospital me informó que mandarían a alguien. Casi amanecía, de cualquier modo. Podía ver una tira luminosa en el horizonte, la noche estaba por terminar. Colgué, los polis se despidieron, pidiéndome que llamara si ocurría algo más. Volví con Brian.

Se había quedado inmóvil, en su última posición, con la cara llena de lágrimas. Pasaría una hora o más antes de que el personal del hospital llegara y hubiera sido negligente y poco profesional de mi parte dejarlo solo. Además, era mi amigo. No hablamos. Ni siquiera intenté. Nos quedamos ahí, esperando a que se lo llevaran.


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